
A comienzos de los 2000, en Bengasi, Cheb Bakr estaba haciendo algo que no encajaba del todo con lo que sonaba a su alrededor.
Tomaba la forma de la canción pop libia y la cruzaba con lo que llegaba desde Nueva York: R&B contemporáneo, algo de hip hop, esa manera de cantar que estaba redefiniendo la radio a miles de kilómetros.