
Durante los años ochenta, mientras los sonideros dominaban las calles de la Ciudad de México, comenzó a circular un fenómeno tan clandestino como influyente: los discos pirata.
Fabricados en tirajes muy pequeños y vendidos principalmente en Tepito, reunían en un solo LP los éxitos tropicales más codiciados de Perú, Colombia, Ecuador y otros rincones de Latinoamérica.